jueves, 5 de enero de 2012

Pérdida del juicio

Lágrimas que resbalaron silenciosas, espasmos incontrolables, gritos. Una aterrada niña de seis años se apoderó de la muchacha de 23 en la silla del dentista.
Hace dos años tenía una cita para que me quitaran las muelas del juicio. Dos días antes llamé y cancelé.
Apenas ahora, después de que las "terceras morales" tuvieron oportunidad de hacer dagas, me armé de valor y volví a llamar.
Todos tienen una historia diferente sobre cómo perdieron las muelas: que si apenas sintieron, que si les dolió a morir, que si se inflamó, que si se infectó, que si nada... La mía no fue una historia feliz (incluso diría que de terror, pero no vale la objetividad de una bloguera que escribe con su mano derecha y con la izquierda detiene una compresa fría en el cachete).
"Vas a sentir una ligera presión", dijo el dentista entre broma y broma. Claro, una presión acompañada nada más de un dolor insoportable.
No sé hasta dónde hizo bien su trabajo y hasta dónde yo exageré. Me considero una muchachita resistente al dolor, pero la verdad es que todo lo que tenga que ver con abrir, romper y sangrar me pone de inmediato como chiquilla de seis.
La sala de espera (a tope, por supuesto), se alarmó cuando escuchó mis gritos de torturada. "¿Será mi hija?", se atrevió a pensar una señora, "Pero si sólo venía a que le sacaran impresiones..."
Claro que no era su hija, ella reía. Yo, en cambio (ya sin muelas y mordiendo una gasa) tiraba lágrimas sin parar, incapaz de controlar mi respiración.
Ana "Panchos Pantera", apodo no inmerecido de parte de mi dentista, salió a dar la cara y enfrentarse con la poca dignidad que le quedaba a la recepcionista. Pero ni eso logré. Lloraba y lloraba sin parar, como si las muelas se hubieran llevado también mi juicio.
No había dolor físico (suficiente anestesia mantenía insensible todo mi lado derecho), pero sí había algo que seguía doliendo, de otra manera no me explico esa especie de regresión.
¿Qué carajos pasó en el consultorio del dentista? A veces soy indescifrable para mí misma. Sólo me quedan tres palabras: malditas experiencias traumáticas.

viernes, 15 de julio de 2011

Danza al ritmo del danzón

De cuando quería ser periodista cultural.


El danzón nació en Cuba pero se baila en México. Cuando los extrovertidos cubanos no soportaron que se les condicionara su baile a reglas, los mexicanos adoptaron este baile popular y se encargaron de mantenerlo con vida.
Primero en Yucatán, después en Veracruz y más tarde en el Distrito Federal, parejas danzoneras comenzaron a ocupar las plazas públicas y salones de baile mexicanos a partir de 1920.
“En todo México el danzón fue muy popular porque el cine nacional lo tomó como música de fondo. Todas las películas de la época del Cine de Oro en México están de alguna manera amenizadas por orquestas danzoneras”, cuenta desde el salón de baile de su propiedad José Leopoldo Rodríguez Ávalos, profesor de danza y promotor del danzón.
Polo, llamado por sus conocidos, tenía 19 años cuando vio por casualidad una presentación de danzón en el Casino Agua Azul. A Polo le pareció un baile de mucha sensibilidad, capaz de crear un triángulo emocional entre los bailarines, los espectadores y la orquesta.
“Hay un momento en que la orquesta, con los bailadores y los espectadores está de pie, entonces es de dar risa, es de locos todo aquello, y es porque el danzón tiene esa cualidad de crear una atmósfera in crecendo siempre”, dice emocionado.
Polo recuerda que Yolanda Zamora, una periodista cultural, comparó el baile del danzón con el juego de la soga, pues los que se meten a jugar tienen que medir el ritmo y entrar con mucha precisión.
“Cuando estás en la pista es un reto. El danzón más que un baile es un juego, y el juego se trata de ser exacto en sus entradas y en sus salidas.”
El danzonero conoce el ritual de la vestimenta y las reglas del baile, es decir, cuándo moverse y cuándo parar.
“El danzón es un baile ceremonial. La ceremonia para ir a la plaza pública es que la gente vaya con frescura. Las mujeres con sus vestidos típicos, generalmente en el sureste del país sus vestidos de manta; los señores su guayabera, su calzado perfectamente limpio.
“Como el danzón es el rey de los bailes de salón, hay que hacerle el honor y hay que ir al salón de baile vestidos de etiqueta. Si los hombres pueden vestirse de smoking mejor."
Las mujeres utilizan un abanico para refrescarse aprovechando los momentos en que no se baila. A la primera y a la segunda melodía, y al montuno (la parte final del danzón) les precede una introducción de 16 compases, de los cuales sólo los últimos ocho se bailan.
“El danzón de algún modo es un baile que tiene una cadencia que son los señores mayores, la gente mayor, a la que le va; sin embargo la gente joven lo hace espléndidamente, al grado de que cuando se trata de eventos, de campeonatos, no tienen oportunidad los adultos de ganarle a los jóvenes.”
Precisamente a eso se dedica Polo, a promover un estilo lleno de tradición en las nuevas generaciones de bailarines. Al lado de sus hijos, ha creado el Centro Cultural Timbalayé, un espacio donde los vivarchos movimientos de la salsa tienen su descanso en la cadencia y el sentimiento de un baile que no añeja.

viernes, 4 de febrero de 2011

Otro nombre de usuario, otra contraseña

Cuentas en hotmail, google, me, facebook, youtube... pero faltaba twitter.
Ya me empezaba a sentir analfabeta tecnológica por no dominar el lenguaje de las redes sociales (hasta hace relativamente poco no sabía lo que @nombre significaba), pero ahora que me meto al twitter entiendo de verdad a mi papá cuando no entiende las lindas y juveniles abreviaciones como tqm, lol, xox... (o en sus palabras "qué ps que ps ts qués")
A qué hora se aprende uno tanto hashtag y cuanticosa a la que los twitterianos hacen referencia?

sábado, 9 de octubre de 2010

XVs



Mi mamá sugirió hoy escribir un blog sobre la odisea en la que nos metimos para preparar un evento, la tradicional fiesta para celebrar el cumpleaños de la niña que pasa a ser jovencita (entiéndase mi hermana). En lo que nos decidimos podemos ir haciendo el cáliz con este post.

Hace algunos meses María se decidió a romper con la apatía de sus hermanas mayores y ser la primera hija en celebrar, según marca la tradición mexicana, su cumpleaños número quince con un fiestón de los buenos.
El paso número uno era escoger el tema (porque obvio... las fiestas temáticas son lo de hoy...). Tooodos queríamos aportar nuestras ideas: la India! Egipto! carnavales! y luego empezábamos a desvariar: astronautas! Indiana Jones! Louis XIV! La misión era casi imposible, el tema tenía que ser al mismo tiempo chic, realizable y original (aunque ya nada puede ser original!). Después de consultas, votaciones y demás María se decidió al fin: Hawai.
Segundo paso, visitar venues. Con comitiva de asesoras María visitó algunos salones de fiesta. Las recomendaciones de los que ya no quedaban en la ciudad quedaron descartadas (porque la verdad “Km 999, Carretera a un pueblo que ya no es Guadalajara” no se ve chic en una invitación, digo yo). Todo se resumía al final a tres opciones viables, pero la del festejo ya había elegido su favorito. Con obsesivo afán de asegurar la mejor decisión, su hermana mayor sacó a relucir su ñoñez y con una tabla con la suma de servicios y presupuestos y un análisis comparativo de pros y contras concluyó que efectivamente… el lugar que había elegido la festejada era el mejor.
Para apartarlo había que decidir el día, y ni eso era fácil. Tenía que ser un viernes en el que los amigos de María estuvieran disponibles. El más cercano a su cumpleaños estarían de vacaciones, el que seguía en un encuentro deportivo. Entonces sería dos semanas después… aunque luego nos enteraríamos de la fecha del concierto de U2.
Tercer paso, platicar con la organizadora de eventos. La fresada esa de contratar a alguien para que organice la fiesta sí resultó ser la mejor opción. Hasta María se apantalló con la experiencia de la muchachita empresaria. Todo lo propuso: la decoración, la mejor opción de comida, la mejor opción para pista y música… hasta el tip más insignificante se sabía. Para la segunda reunión María se puso a nivel y con toda seguridad fue siguiendo una lista de asuntos: “¿la decoración de los puestos de comida no está ya contemplada en la decoración del lugar?”, “¿qué nos recomiendas para bajar el presupuesto?”. Con toda la suerte, aunque la chava tenía agendado ya todo el mes, el día que necesitaba María estaba disponible.
Ya con el acelere la hermana diseñadora empezó ese mismo día a sugerir opciones de invitación y en unos minutos logramos un diseño con todo y paleta de colores.
La fiesta es para la niña María, y por supuesto ella tendrá la última palabra (bueno, la penúltima antes que sus papás). La cosa es que todos estamos emocionados y queremos opinar y escoger y divertirnos organizando la fiesta que nunca tuvimos. María, por suerte, nos tiene paciencia… a ratos… porque aunque la desesperemos con ridículas ideas como que haga su entrada con traje de astronauta o baile con sus amigas Lady Gaga, el gran grupo de asesores sí le da de vez en cuando alguna buena sugerencia.
Ah, por cierto, ¿comenté que para la fiesta faltan todavía más de siete meses?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Grande la abuelita

Uno podría pensar que desmerece cerca de alguien que ha llevado una vida notable y ejemplar. A mí, por el contrario, me hace sentir importante, honrada de cargar los genes de alguien a quien además de admirar quiero mucho.
Ayer celebramos los 80 de mi abuelita con un festejo que no era para menos. Una congregación medio bizarrona y heterogénea que tenía en común el cariño y reconocimiento por Abi (con otros nombres para otras personas). Acompañada por gente importante para ella en todas sus etapas y facetas se sintió contenta y agradecida, y eso por supuesto se contagió.
Abi es mi abuelita, y a través de la faceta con la que me tocó conocerla vislumbro unas veces con más claridad que otras sus otras facetas de mujer líder, participativa y comprometida. Abi nos mostró siempre su cariño con su enorme paciencia, su hospitalidad, sus detalles generosos, sus apapachos. Nos puso ejemplo con su gran inteligencia, fortaleza, perseverancia, constante lucha de superación y su labor incansable siempre por los demás.
No me queda duda que a las virtudes de jefa de familia se le suman a las de una mujer trabajadora y exitosa, constancia de más hubo ayer con el testimonio de tantos amigos. Después de varias entrevistas constaté que aunque me perdí 59 años de su vida las grandes cualidades que le conocí la han acompañado siempre en todo proyecto, por eso somos tantos los que la admiramos y respetamos. Y sí, Abi es grande.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Alas prestadas de la señorita pájaro

A mí eso de ser poeta no se me da. Olvidarme de metáforas trilladas, despegarme de convenciones, orquestar sutilmente un ritmo o mezclar talentosamente los ingredientes para dar a un texto un sabor refinado y único son cosas dificilísimas para mí. Será mi extraña obsesión por el orden y la claridad, junto con mi severo problema de tener palabras bailando distraídas en mi cabeza que al momento de la función olvidan salir.
La señorita pájaro, sin imaginarlo, me alivianó la noche de trabajo que me esperaba cuando publicó un link y compartió su cofre de tesoritos. Y yo leí y vi y me emocioné (cosa tan bella esa del placer estético), pero esta vez no se pareció ni tantito a leer un escritor consagrado o ver una serie premiada de fotografía. Gran abismo: la señorita pájaro está más cerca, es mi amiga y la quiero.
Así con un optimismo espontáneo me pongo a pensar en la suerte de conocer gente tan bonita y diferente a mí, que si no fuera por extraordinarias circunstancias de la vida nunca habría llegado a conocer. Me conmuevo al reconocer su talento y me contagio con sus ideas y su forma de ver la vida. Aunque yo no sea poeta tengo unas alas prestadas para volar.

martes, 24 de agosto de 2010

Escritura automática

"Escribid a prisa, sin tema pensado de antemano; lo bastante a prisa para no recordar y no veros tentados a releer lo escrito. La primera frase vendrá por sí sola, tan cierto es que en cada segundo hay una frase, extraña a nuestro pensamiento conciente, que está pidiendo exteriorizarse..."
André Breton

No puedo volar si quisiera entraría en una fase terminal cuando ladra la ballena más le vale reír y disimular la carga que llevo sería útil en la manera en que el mundo se mueve en lo particular yo quisiera un helado de cajeta miel de chocolate solo me quedo sin ojos de ti.
Llueve en la azotea pero parece que nieva. Será que mañana es tiempo de oro y la plata se ha quedado fuera. No quiero volver atrás y ver la cara de cuantos se han caído. Ya sería mejor estar al tanto de una nueva salida que ante todo se presente como nueva soy la misma de siempre. De dónde hemos salido y mañana vendrá el ayer.
Si pudiera escribir un verso sería para dártelo con rosas y besos no puedo estás. Mi casa me quema. Qué haz hecho para ver ésto si supieras la verdad tal vez morirías no quiero volver quiero estar. La sombra del ayer y la del nuevo día. Sombras y luces, todo, nada. Cielo.
Más lejos de la calle puedo verme original que encuentro mi casa. Sólo dios sabe, sólo él. Y si no me atrevo a verte como nunca te había visto tal vez puedas encontrar algo diferente en mí que te ayude a terminar la tarea. Puedo atreverme a ser veloz y puedo brillar pero no puedo quedarme en el pasado. Dulce carolina devuélveme mi paleta.


Quiiuuubo... Surrealismo puro..! Ahora nomás necesito un psicólogo que me analice y ayude a sanar mis traumas emocionales.

lunes, 23 de agosto de 2010

Juan

Aquí les va un refrito de hace más de dos meses para que Bnjmn desmienta mi historia si así lo amerita, al fin y al cabo fue su idea que la escribiera y posteara. Va tarde pero también va como una especie de tributo a las cientos de aventuras de los meses pasados. Salud, compañeros de viaje.


Juan Gabriel llegó por segunda vez a España con mercancía. Llevaba un kilo de cocaína escondida en los zapatos cuando los agentes de seguridad de la terminal 4 del aeropuerto de Madrid lo detuvieron. Nunca supo qué falló esa vez, un cuatro o sólo nervios daba igual, ahora iba a estar preso seis años.
Tenía 25 años cuando en Durango le ofrecieron la oportunidad de viajar a España. No lo pensó mucho. El salario de taxista de su papá y el de trabajo de limpieza de su mamá no habían sido suficientes para pagarle estudios universitarios. Viajar a Europa era una oportunidad única, aún con los riesgos que suponía. Sí, quería ayudar a su familia, pero no negaba lo excitante que le parecía la aventura.
Primero viajó a Madrid. Juan disfrutó un mes las vacaciones más fascinantes de su vida, todos los gastos pagados. Luego vino un trabajito a Panamá. Con el dinero al regreso de México había podido comprarse su taxi. Siguió uno a Italia. Ahí hizo una visita especial al Vaticano. Bajó a las criptas y junto a los restos de San Pedro Apóstol, junto al altar de la Virgen de Guadalupe, se puso a orar. Sintió que las lágrimas que le escurrían sin parar lo iban limpiando y se llevaban con ellas sus pecados. Salió al sol sintiendo una carga más ligera. Salió sintiéndose una persona liberada.
“Oiga mamá, voy a buscarme la vida en España. Voy a irme por 10 años”, dijo antes de partir por segunda vez a Madrid. Pero las cosas no salieron como había pensado. Recluido en Zaragoza por tres años había pasado momentos difíciles pero nunca tan duros como los que podría haber pasado en México, y lo sabía. Los españoles le daban la oportunidad de estudiar una licenciatura y además, si su buen comportamiento lo ameritaba pasaría seis días con sabor a libertad cada mes y medio hasta cumplir la condena.
El destino sorprendió a Juan con un trabajo de delincuente y lo convirtió más tarde al ser descubierto en un recluso. Ahora que Juan voltea hacia atrás no se arrepiente de nada. Piensa que los seis años de cárcel es la paga que bien merecen los viajes que hizo y sus estudios. Cuando regrese a México tal vez no tenga necesidad de volver a delinquir para conseguir dinero, Juan ya es un arquitecto.

Desde una visión más humana los reclusorios como verdaderos “centros de readaptación social” deben dar posibilidades de desarrollo a los reclusos. Muchas de las personas que han cometido delitos no son seres malditos que merecen castigo eterno. Las fallas en el sistema dejan a miles en la desesperación y los empujan a salirse de la ley, todos buscamos sobrevivir. La educación y un trato digno pueden reformar y ofrecer el camino de una vida honrada.
Sí se valen las segundas oportunidades.

viernes, 2 de julio de 2010

Tik tok y llegó la depresión post-erasmus

Hoy, sentada en el auditorio de un club deportivo de la ciudad de Guadalajara, viendo una desabrida coreografía de jazz con cuatro niñas, se me escapó una lagrimita. No por la pena que me daba la inexpresiva presentación de las criaturitas sino porque no podía sentirme en una circunstancia más diferente a la que había estado viviendo unas semanas atrás. Sufro, queridos lectores, de un síndrome clínicamente probado: la depresión post-erasmus.
Me advirtieron que regresar a casa iba a ser difícil. Para mí que ya he pasado por un regreso a casa no va ser, siempre pensé. Y no lo fue, por lo menos la primera semana llena de novedades y reencuentros, pero hoy sin decir agua va la nostalgia me invadió por unos minutos. Quién sabe a qué botón automático es capaz de llegar la música. Sólo escuchar los primeros segundos de Tik tok detonó una cadenita de recuerdos que me llevó de cantar en la sala de la casa con Karla y Tay a salir a los bares de la parte vieja y luego desayunar unos huevos revueltos (hechos por mí) con un café cargadito y luego tomar el sol en los jardines de Miramar y luego puras cosas bonitas que ya no puedo hacer.
Mi mamá me dijo que le gustaría leer un último post en el que cierre la crónica de las aventuras de la mexicana en España. Yo ya lo había pensado, y luego lo volví a pensar y ya no quise hacerlo. No sé si sea una especie de negación evitar ese cierre para agarrarme todavía del bordecito que me hace sentir que Donosti no está tan lejos. No sé si tenga que ver que voy a cumplir dos semanas en casa y todavía no deshago maletas.
No quiero escribir "Eso es todo amigos". Tampoco (al menos ahora) quiero abandonar el blog. Parte de la depresión post-erasmus (aunque en mi caso no me gustaría llarmarle depresión, sino síndrome de no ubicación) es que "los estudiantes tienden a reconsiderar su vida de siempre". Y tal vez un poco en esas ande, lo que significa que por acá Banana inicia otro gran paseo, aunque éste ya no de turista.

lunes, 14 de junio de 2010

Todo en orden

Desde ayer, por fin todos los aficionados de la Real Sociedad vuelven a apoyar a un equipo que juega en primera división. Siempre nos extrañó que un equipo de segunda pudiera mantener a tantos fieles seguidores. Ahora el mundo se endereza, está por volver a la normalidad... cuando los festejos en la calle y las banderas desaparezcan. Yo estoy en una transición parecida. Después de estar cuatro meses lejos me toca regresar a mi lugar, mi casa.
Todo en orden: la Real a primera y la mexicana a México.

domingo, 13 de junio de 2010

Ahora sí me puedo llamar mochilera

Ayer despertamos todavía en París. Me cuesta creer todo lo que hemos hecho los últimos días. Sin perder el tiempo, al día siguiente de presentar nuestro último examen empezamos el viaje, uno que había querido hacer desde chica, con mochilas al hombro, hostales, comidas baratas y muchos, muchos lugares hermosos. Tengo ojeras, dolor de pies y la cara y el cabello quemados por el sol. Estoy cansadísima pero feliz por la fortuna de haber viajado hasta marearme.

Los últimos días en Donosti Karla y yo nos preocupamos más por los exámenes que por planear el viaje. En un par de días salió todo: el itinerario, el transporte y el hospedaje, y la verdad, aunque hubiéramos tenido más tiempo para prepararlo no nos hubiera salido mejor. Quedamos entonces de salir temprano de Donosti en autobús a Zaragoza, de ahí, el mismo día tomamos un vuelo a Roma. Allá nos encontramos con Tay y paseamos por dos días. Luego, un tren nocturno hasta Viena. Otros dos días. Otro tren nocturno, ahora a Zurich. dos días. Tren a Berna. Un día. Tren hacia París. Tres días. Regreso: por la mañana tren a Burdeos, por la noche tren a Hendaya y Euskotren a Donosti.

Concentrar tantos placeres de la vida en tan poco tiempo debería ser ilegal, luego por eso hay temporadas de carestía. Mis ojos se fascinaban con paisajes rurales y urbanos, arquitectura histórica y moderna de todos los estilos, fuentes, ríos, puentes, parques, bosques, lagos cristalinos. Hartas de pan de caja y embutidos nos volvimos locas cuando saboreamos aunque sólo una vez fuera los gelattos italianos, las trufas de chocolate, el pollo, las papas gratinadas, la sandía, la crepa de nutella, el eclair de café. Un día bebimos de unos vasitos de chocolate y disfrutamos Roma iluminada desde un mirador. Otro día paseamos por un jardín de rosas y dormimos en un jardín fresco y verde. Un día caluroso nos sentamos junto a un lago de agua limpia y fresca. Otro día conocí de cerquita a los osos. Un día aprendí sobre arte y cené queso y tinto frente a la torre Eiffel.

Viajar es una de las cosas que más disfruto, pero cuando un viaje está por terminar también agradezco llegar a casa a descansar. Aquí estoy ahora, en mi casa de Donosti, pero el gran viaje que empezó hace más de cuatro meses también está llegando a su fin. Quiero regresar a casa y descansar y comprartir mis aventuras y verlos a todos. Me da miedo irme. Me emociona llegar.

lunes, 31 de mayo de 2010

Escuela

Parece que todos los latinoamericanos coincidimos en que el sistema de educación español es bastante… chafa, por no decir otro adjetivo que alerte a algún lector gachupín perdido por aquí. Resulta pues, que desde el principio nos dimos cuenta de que nos gustaban más las clases en nuestras universidades de origen, que nos gustaba más leer textos y debatir que escuchar al maestro leer diapositivas.

La actitud de los alumnos era otra cosa que hacía las clases diferentes. Algo sí que es cierto, en puntualidad y silencio en el aula puedo asegurar que nos ganaban. A nosotros se nos olvidan a veces esas ligeras cuestiones de respeto. La mayoría de los estudiantes, algo más tímida para levantar la mano, parecían estatuitas absortas frente al ordenador, sin siquiera voltear al profesor para responder a la pregunta “¿Ha quedado claro?”. Y no los culpo, si copiar en una hoja de Word las diapositivas de Power Point que el maestro va pasando en clase basta para estudiar y pasar en el examen entonces eso es lo que va. Y si no asistir nunca a clase y conseguir por otro lado los apuntes también basta, pues es lógico que también suceda con frecuencia.

Estudiar para un examen es algo que no hacía desde hace muchos años, y estudiar de la manera como la que tuve que estudiar para éstos tal vez nunca lo hice. Durante el semestre no tuvimos tareas ni trabajos, todo el proceso de estudio se condensó en los últimos días. Eso me hace dudar de la eficacia del sistema.
No estoy en contra de los exámenes, estoy en contra de que la respuesta a cuatro preguntas tenga un valor porcentual tan alto. No me parece que la suerte juegue para formar una calificación que debe reflejar todo un semestre de trabajo y estudio (o estoy mal en esto?). Lo que se califica aquí es una mezcla de buena memoria y suerte. La buena memoria asegura una buena calificación, y aunque la memoria tenga fallas con suerte las cuatro preguntas son sobre temas que sí se recuerdan.

Por si no fuera obvio a estas alturas de la entrada: Sí, estoy enojada porque no me fue bien en un examen. Arggg.

viernes, 28 de mayo de 2010

Sin conexión


No hay ninguna tarjeta Airport instalada. Así, de pronto, mi Mac me avisó que se había puesto en huelga y que no iba a dar más servicio de conexión a Internet. Ni que la hubiera estado explotando.

Experimentando la lentísima e irregular señal que reciben las laps de mis roomies me puse a investigar en blogs y foros de todo tipo soluciones a mi problema, pero por más que le quito y pongo la batería y luego le pico al mismo tiempo control, command, R, P, enter, flechita y espacio durante tres punto cinco segundos y doy dos palmadas, sigue apareciendo la estúpida leyenda: No hay ninguna tarjeta... como si necesitara más de una.

Fui al servicio técnico y me recordaron que mi garantía ya había expirado. Me dijeron que si el problema era cambiar la tarjeta costaría alrededor de 150 euros, o que si sólo quería dejárselas para que la revisaran me cobrarían 78 euros por la hora de trabajo. Claro que no la dejé. (Por cierto, yo no sé qué hago estudiando comunicación si ser técnico computacional sale más chido).

En fin, mis últimos días la pasaré desconectada. Karla es optimista y me anima recordándome que la huelga inició sólo a una semana de irme y no dos meses antes. Por lo menos eso.

Calor, especias y laberintos

Hace casi una semana regresamos de Marruecos. Desde entonces hemos tenido que hacer lo que no habíamos hecho el resto del semestre, estudiar. Ya calmadas las aguas y con una disculpa por la tardanza les paso el chisme de nuestro último paseo. Para desquitar las que les debo y porque no se puede describir con pocas palabras lo que vimos les dejo en esta entrada una buena cantidad de material de lectura.



Muy solidarias, Tay y yo llegamos junto con Karla al aeropuerto de Madrid hacia las dos de la mañana. Su vuelo a Marrakech salía a las 6:30, el nuestro hasta las 9:50. Así empezaron las nuevas experiencias, durmiendo en el aeropuerto un rato en el piso, otro en la sala de espera.

Después de un complicado aterrizaje con turbulencias que dejaron empapado de sudor al chavo junto a mí, por fin pusimos los pies en África. Karla que ya llevaba algunas horas esperándonos y había tenido tiempo de sobra de aprenderse el aeropuerto nos señaló lo indispensable antes de salir: los baños, la casa de cambio y una zona de compras con ambiente místico. Me empezaron a sorprender los colores vivos de las telas, la mezcla de olores intensos, el particular sonido de la música árabe y las caras de extraño placer de los turistas que la escuchaban sentados en sofás acojinados. Y todavía no salíamos del aeropuerto.

Pasando las puertas, los marroquíes no tardaron en acercarse para convencernos de que tomar el taxi era mejor opción que el autobús. Así se presentaron: grandes negociantes, insistentes y poco pacientes. Prevenidas de la facilidad con que algunos marroquíes llegan a embaucar a los turistas, tomamos nuestro tiempo y decidimos con calma. De acuerdo, 70 dirhams y nos dejaba justo frente a nuestro Riad.

Segunda gran sorpresa: las calles y vialidad de Marrakech. Coches, motos o burros por igual respetan poco los sentidos, los carriles y las banquetas, cada quien va por donde haya un huequito que le acomode. Los peatones marroquíes tienen que ser valientes toreros y rápidos atletas.

Entramos a la ciudad amurallada hasta la puerta Bab Doukala, la más cercana al Riad. “¿Dónde está el hotel?” le preguntamos al taxista. “Ahí”, nos respondió señalando unas puertas. Pagamos con billetes de 20 y al no haber amago para la búsqueda de moneditas exigimos nuestro cambio.
Mexicanas: “¿Y nuestro cambio?”
Señor taxista: “80 DH. Las maletas…”
Mexicanas: “No quedamos en eso. Dijimos 70 DH.”
Señor taxista: Balbuceo ininteligible. Le da a Tay una moneda.
Ana: “Esa moneda es de 5 DH”.
Tay: “Faltan otros 5 DH”.
Señor taxista: Rezongos y palabras de molestia en árabe (Queremos suponer que dijo: “Estas muchachitas tan guapas sí que salieron abusadas”). Nos da por fin el cambio completo.

Nos dirigimos al vago ahí del taxista para encontrarnos con una especie de taller mecánico. Un minuto solas y ya estábamos perdidas. Temerosas caminamos hacia la avenida principal hasta que encontramos el Tribunal, el lugar donde Aranza nos había dicho que nos podría recoger. Qué suerte esa de llegar con avanzada que nos supiera guiar entre callejones hasta el Riad. Medio trácalas el taxista, pero por lo menos sí nos había llevado lo más cerca posible.

El Riad es una casa tradicional pero acondicionada como hostal. El Riad Massin tenía un patio muy agradable y fresco donde nos recibieron con te de menta mientras amablemente nos señalaron en el mapa algunos lugares de interés y nos daban algunas recomendaciones. Una refrescadita nomás después de la noche mal dormida y sin tardar más salimos a la aventura.

La primera parada, por supuesto, tenía que ser para recargar energía. Llegamos directo a la plaza Jemaa El Fna donde vimos por primera vez los famosos encantadores de serpientes y adiestradores de monos que se dejan tomar fotos por loqueseasuvoluntad. Ahí mismo encontramos una opción barata para comer los platillos típicos, el couscous y el tajin.

El souk, el mercado más grande, es realmente un conjunto de callejuelas con una increíble cantidad de tiendas para atrapar turistas dispuestos a hacer shopping diferente: esquivando motos y regateando precios. Ahí nos dimos cuenta de lo multilingües que son los marroquíes. Si nos veían facha de francesas, nos hablaban en francés, de inglesas en inglés y de españolas en español (nomás nunca le atinaron a que éramos mexicanas, por supuesto). Cuando Aranza se quería safar de alguno y hablaba en italiano ellos, por supuesto, respondían también en italiano. A los gritos de “¡María, María!”, los vendedores trataban de llamar nuestra atención. “Pasa, pasa, sólo ver” nos invitaban, y cuando nos disculpábamos mientras nos alejábamos añadían “Mmm, banca rota”.

El color de moda lo pone el desierto. Seguramente como decía Tay la empresa que produce el tono entre arena y marrón con el que pintan todas las casas, edificios y construcciones de Marrakech debe hacer una enorme fortuna. Marrakech es pues, una ciudad muy combinada, pero en parte esa uniformidad, junto con una mala señalización y calles torcidas la convierten en un laberinto para el turista.

Un mapa no sirve en Marrakech, valen más los ojos, la intuición y una actitud segura. Cualquier asomo de duda sirve para que algún marroquí interesado se acerque a ayudar señalando direcciones que llevan al puesto de un amigo. Sin siquiera saber a dónde te diriges ya quieren decir cómo ir a la mezquita, el museo o la plaza. Así pues, llegar a donde queríamos era una proeza para celebrar. Como descubridora de un tesoro se me calló la baba cuando entramos al Palacio Bahia o a la Medersa Ben Youssef.

A pesar de que poco a poco fuimos reconociendo muchas semejanzas entre México y Marruecos fue extraña la constante sensación de los primeros días de estar perdida en otro mundo, de flotar en una realidad desconocida incapaz de ver, escuchar y hablar como de costumbre. Mientras viajábamos en el metro de Madrid a la estación de autobuses para regresar a Donosti sentía como si acabara de regresar de un viaje en el tiempo, sorprendida como aún sigo de las enormes diferencias entre culturas y personas. ¿De verdad somos del mismo planeta?

jueves, 13 de mayo de 2010

El inicio del fin (qué título más dramático)


Aunque no nos guste ya empezaron las despedidas. Chuy, después de contar 105 días fuera de casa va a regresar por fin a Betania. Lo curioso del asunto es que nosotros estamos más tristes que él. La partida de Chuy sólo nos recuerda que la nuestra inevitablemente se aproxima.
Ver el calendario ya nos asusta. Antes le dábamos la vuelta a varias páginas decidiendo los días para planear viajes o paseos y ahora sólo vemos mayo y junio. Todo lo que queremos hacer tiene que caber en 42 cuadritos de calendario.
No es poco tiempo. Si pensáramos más en los días que faltan para llegar a México que en los días que nos quedan en Europa nos desesperaríamos al darnos cuenta de lo mucho que tiene que transcurrir, como le pasó a Chuy. Lo que a nosotras nos empieza a poner nerviosas es que las cosas ya están cambiando. Vamos a vivir con un roomie menos, ya no vamos a venir a clases, sólo a exámenes, y lo mejor: vamos a empezar El Viaje.
Ayer por fin Karla y yo nos sentamos en el comedor para decidir rutas y destinos. Me emociona mucho volver a Roma y París y poder conocer Austria, Suiza y Alemania. Ayer empezamos a bosquejar el viaje pero falta definirlo, planear muchas cosas.
Lo haremos luego porque justo ahora estamos ocupadísimas. Tenemos que preparar un paseíto a Marruecos. Cómo sufrimos, que alguien se apiade de nosotras.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Finde de lluvia y visita


En San Sebastián llueve y desde hace días no vemos el sol. Aranza toma el camión despidiéndose de una ciudad más húmeda que de costumbre. Ni modo, así es la cosa con el clima de Donosti. Aunque no hubo paseos al monte ni tardes en la playa me alegró mucho su visita y que haya conocido una partecita de mi vida en España.
Desde el sábado por la tarde estaba ya desesperada contando los minutos para que dieran las 22:30. Salí a la playa y los intensos rayos de sol sólo me dejaron disfrutar de mi lectura por media hora. Qué ironía que sólo unas horas más tarde el sol se iba a ocultar por el resto del fin de semana.
Desde que llegó Aranza estuve de presumida. Caminaba junto a ella señalando lugares, indicando rutas, contando historias y dando datos inútiles. Aranza sólo me escuchaba paciente y me daba rollo. La visita a Bilbao y al Guggenheim la disfrutamos mucho, yo especialmente por haberla hecho junto a ella.
Al día siguiente, el paseo por Donosti no salió como hubiera querido. Había muchos lugares que quería enseñarle y al final el clima no nos dejó. Si el chiste de su visita era disfrutar no veía mucho sentido en luchar contra el frío y el viento para ver unas esculturas junto al mar o una vista panorámica que hubiera resultado gris y borrosa.
Una loquita como yo que planea tantas cosas en la mente a veces se frustra cuando se topa con la imprevisible realidad, pero la verdad (y concluyo muchas veces así no sé si por convicción o por una necesidad de optimismo para la supervivencia), al final y como siempre la cosa no resulta tan mala. Los cambios de planes llegan de sorpresa pero realmente son sólo eso, cambios. La vida me reemplaza los días soleados por días de risas y cariño fraterno. Nada mal.

jueves, 29 de abril de 2010

Home alone

La fiesta en Dublín debe ser la onda. Yo por lo pronto estoy en casa, mientras todos se fueron de paseantes (y bebedores de cerveza).

No me había dado cuenta pero antes de ayer no había pasado ningún día sola desde que llegué a Donosti. Algunas cosas sí se extrañaban: salgo de la regadera y me visto con toda tranquilidad en mi cuarto; veo los programas de tele que quiero y cuando no, la tele se queda apagada; hablo sin audífonos hasta tarde por Skype; pienso, leo y duermo más...

Pero la verdad es que San Sebastián no es tan divertido sin compañía. No me gusta tanto ir al cine si no tengo a nadie con quién comentar la película. Prefiero ir a comprar la despensa acompañada para que me enseñen un producto o una buena promoción. Me gustan las sobremesas y el cafecito de la tarde.

Creía que sí era de las que les gustaba disfrutar de la soledad, y la verdad así lo fue por una temporada, pero parece que ya me desacostumbraron. Espero una visita especial y mientras me entretengo preparando su llegada. Dos días más como mi pobre angelito y con eso estuvo bueno ¿no?

viernes, 23 de abril de 2010

Semana de cine

Hace unas semanas Benja trajo al piso un folleto del Festival de Cine y Derechos Humanos que invitaba a los jóvenes a unirse a un jurado para otorgar el premio al mejor cortometraje. Y que me puse a investigar, envié mi solicitud y me volví parte del jurado.

Ayer fue la primera sesión. Llegué al Teatro Victoria Eugenia y me formé junto con muchos otros jóvenes para anotarme y recibir nuestros documentos. Como no fueron muy rigurosos en la selección del jurado… o más bien nunca pidieron como requisito tener alguna noción de cine, no sabía exactamente qué nos iba a tocar calificar. Nos dieron papeletas con el nombre de cada cortometraje y sólo dos espacios para calificar del 1 al 10: calidad técnica y concienciación sobre derechos humanos. Chale.

Lo que sí está padre es que hay una buena selección de cortos. Ayer vimos ocho, bastante larguitos para ser cortos, de muy variados países y temáticas. Me gustaron sobre todo dos: Bingo, sobre los inmigrantes holandeses trabajando en condiciones precarias y el favorito de muchos Angry Man, una tierna animación sobre un niño y la violencia en la familia.

Presumo mucho que ando con beneficios, y es que puedo ir toda la semana del Festival a ver gratis cine sin doblaje y conseguir pases para algún afortunado acompañante para películas, la inauguración, el cóctel o el concierto de clausura. Ya veremos al final qué tanto de verdad pude aprovechar.

martes, 20 de abril de 2010

Dos pa lante y dos pa tras

Un día 20 igual que hoy voy a despertar en mi casa de Guadalajara. En dos meses exactamente.

Pasando ya la mitad de mi vida donostiarra empiezo a tener sentimientos encontrados. Me invade a ratitos una nostalgia adelantada, pensando en laúltimavez de cada cosa, las oportunidades que puedo dejar pasar y lo mucho que voy a extrañar. Al mismo tiempo me emociono. Sonrío sólo de pensar que voy a abrazar a mis papás y chismear con mis amigas.

La verdad sé que falta un montón, que el futuro que inevitablemente se viene no debería distraerme del presente. Quiero decirle basta a la precoz melancolía que se empeña ocupar un pedacito de mis alegres días primaverales. Recordar que las cosas caducan nos hace apreciarlas más, vivirlas con intensidad, pero otra cosa es dejar que ese recuerdo se vuelva una molesta preocupación. Por eso basta, y que viva el presente.

jueves, 15 de abril de 2010

Música


Ayer escuché, o creí escuchar, una sencilla melodía en un teclado. Me acordé del piano y de lo mucho que extraño tocarlo. Me da pesar saber que cada día mis dedos se entorpecen más y que cuando regrese ya no podré tocar la pieza de jazz que tanto me gustaba.
Hay una escuela de música cerca de mi casa y casi todos los días vemos estudiantes caminando con estuches de distintos instrumentos. Me dan algo de envidia, igual que Marita en México que sigue practicando y avanzando (aunque en su caso también me da mucho gusto).

Pienso a veces en las cosas que podrían cambiar cuando regrese a México. En las buenas y malas costumbres que he adquirido aquí y en las cosas que estando privada de ellas he apreciado más. Creo que voy a desquitar los meses que no he tocado ni una tecla para estudiar más que antes. Será un gran placer, igual que se siente un pedacito de pastel de chocolate en la boca después de muchos meses de hacer dieta.